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Psicología & Personalidad
CONDUCTAS

Nota Publicada en Salud Vital
Nro: 58 año
2002

 
¿Qué estás mirando?

 
  Fuente de escenas apasionadas y hasta salvajes, los celos han sido desde siempre (y lo son todavía) protagonistas de gran parte del cine y de la literatura porque, al existir en todas las personas, resulta fácil que el público se identifique con lo que hacen, dicen o sufren los personajes de un radioteatro, novela o película. La sospecha, la duda, la desconfianza, el desencanto, la aventura, la pasión, etc. terminan de componer este marco escenográfico donde hay un celoso/a que sufre, un otro que traiciona o un tercero injustamente acusado.
El breve diálogo que encabeza la nota describe algunas de las imágenes más estereotipadas con respecto a los celos: una mujer que revuelve los papeles y bolsillos de su marido; un hombre que no quiere que su pareja use la pollera tan corta o que sea "tan simpática" con los otros hombres; una chica que se irrita porque a su novio se le escapa la vista hacia una pechugona que camina por el mundo como si nada, o un novio que siente herida su masculinidad cuando su noviecita mira con "rayos x" al musculoso de la bicicleta. En fin, las situaciones son muchas y todas perfectamente reconocibles porque quien más, quien menos, todos las hemos vivido. Es que en este campo de lo sexual, los celos se reconocen enseguida y por lo tanto (aunque esto puede ser discutible) es más fácil neutralizarlos o por lo menos sobrellevarlos. Mejor dicho: se los acepta más porque todo el mundo da por sentado que existen... pero no por ello son más "digeribles", entonces, ¿qué hacemos con ellos una vez que los aceptamos?

Nadie está libre

"Toda persona ´normal´ siente celos, pues los celos tienen que ver con poseer al otro de algún modo y sin duda el amor implica posesión", explica el Licenciado Juan Diego Polverino, psicólogo y director del sitio www.psico-online.com. "Sería un llamado de alerta una persona que nunca sienta celos, pues se podría pensar que vive en una indiferencia extrema o, lo que también es usual, que sea una persona muy celosa pero que lo esconde".
Esta cuestión de los celos versus la indiferencia es crucial en las relaciones, pues alarma más la ausencia de celos que el exceso, lo cual tiene que ver con la cultura en la que vivimos y con los valores que uno aprende desde la niñez. En el caso de la mujer, esta valoración muchas veces le juega en contra (al menos históricamente ha sido así), dado que al alentar o recibir con orgullo los celos de su pareja como signo de que la quiere, en el mejor de los casos pierde libertad (con la consiguiente frustración que ello apareja con los años) y en el peor, tolera situaciones de violencia que nada tienen que ver con el cariño.
Ahora bien, ¿qué es lo que produce los celos? En palabras del Licenciado Polverino, "se pueden pensar los celos como una enfermedad, pero también como un síntoma, por ejemplo cuando una persona tiene otros problemas relacionados con una baja autoestima, una personalidad depresiva, miedosa o insegura y los celos son una consecuencia de estas características".

En este sentido, la inseguridad juega un rol decisivo en el celoso o la celosa, dado que constantemente existe el miedo de que la pareja se sienta atraída por otro que pueda ser mejor que uno. Evidentemente esto es una falacia, una fantasía tortuosa, porque basta detenerse a pensar fríamente dos segundos para darse cuenta de que en materia de sentimientos nada es totalmente seguro ni hay contratos inquebrantables, porque con el correr de la vida y de los acontecimientos, el individuo cambia, su forma de ver el mundo muta y puede que dentro de estos cambios también esté envuelto el amor o, por lo menos la forma de querer. Esto no significa que toda relación esté destinada a fracasar cuando pasan los años, sino que en última instancia (si así tiene que ser) no es posible evitar que nuestro ser querido "encuentre a otra persona". ¿Por qué? Porque más que de nosotros, esta decisión depende exclusivamente del otro, que es alguien que tenemos a nuestro lado pero que no nos pertenece (cosa que suele pensarse).

De acuerdos y excesos
Va quedando claro que convertirnos en un detective de nuestra pareja sólo puede aparejar enojo, agotamiento y que descuidemos nuestra propia vida. Además, si bien lo primero que se piensa es en los celos de índole sexual, hay personas que poseen una valoración un poco distinta de la "tradicional". Por ejemplo, en los pactos que realiza cada pareja puede estar establecido tácita o explícitamente que una infidelidad sexual es menos grave que una relación sentimental con un tercero (puede ser una amistad muy profunda), donde entran a jugar sentimientos y no sólo una noche de sexo fugaz y olvidable. Pero quizás estas situaciones sean más la excepción que la regla y en algún lugar primitivo y elemental, virgen de tendencias sociales, a todas las personas occidentales nos molesta pensar a nuestro compañero/a en brazos de otro, aunque sea por un rato. Y aquí es innegable la cuestión de lo cultural que determina nuestras conductas y que nos puede acercar una respuesta a estas preguntas: ¿hasta dónde es "normal" tener celos? ¿la persona celosa se da cuenta de que lo es? Según Polverino, "en algunos casos el machismo está socialmente avalado en sus conductas, como cuando un hombre no deja que su mujer use minifaldas y su actitud está reforzada desde lo cultural". La diferencia entre las manifestaciones de celos masculinas y femeninas radica en que mientras que lo que dice el hombre es "lógico" que se cumpla (como la imposición de no usar ropa llamativa) e inclusive muchas mujeres consideran que la prohibición está bien, las actitudes femeninas de celos están subestimadas y consideradas como reclamos con menos importancia. Pero, ¿cuál es el límite para los celos? O bien en términos más "psi", ¿cuándo se transforman en una patología? "Cuando los celos llegan a destruir el objeto sobre el cual se cela o el vínculo entre dos personas y desencadenan en violencia", responde el Licenciado Polverino. Así, una contestación rayana en el insulto, gritos, prohibiciones cotidianas, escenas repetitivas y malos tratos son los claros síntomas in crescendo de que se ha cruzado la barrera de los celos comunes hacia los otros que empiezan a ser una enfermedad.

No sólo de amor se trata
Los celos están en muchas cosas y lo laboral no escapa a esto. Para ser más elocuentes podríamos decir que cuando existe una hiperposesión sobre algo, hay celos. En el caso del trabajo, hay personas que esconden y celan lo que hacen. Es el típico ejemplo del empleado/a que oculta información por miedo a que los demás le saquen responsabilidades o le "roben" su trabajo. Esta actitud, como puede constatar todo aquel que trabaje en relación de dependencia (y también en otros ámbitos), es muy común y se exacerba especialmente cuando hay un recién llegado a quien hay que enseñarle las tareas a desarrollar, pues es entonces cuando se ve quiénes son los más celosos y quiénes no. Lo bueno es que, salvo cuando se trata de algo desmedido, son situaciones que se manejan con facilidad una vez que uno conoce el código del lugar. Por el contrario, lo que usualmente se llama "celos profesionales en la pareja", tiene una raigambre más profunda. "En este caso, más que de celos se trata de envidia", aclara el Licenciado Polverino, "porque uno envidia lo que tiene el otro, mientras que en los celos de los que hablábamos anteriormente tiene que intervenir un tercero para que se despierte el reclamo". Lejos de ser tranquilizadora, la cuestión de la envidia en la pareja es un tema profundo porque ésta se asocia con sentimientos de mezquindad que poco tienen o tendrían que ver con el amor. Sobre todo si se entiende que el amor implica querer lo mejor para quien tenemos al lado, aun en desmedro de nuestro propio beneficio.
Los rostros del engaño
Pero hay otra faceta de este fenómeno que estamos analizando que parece más perteneciente a un argumento de guión que a la realidad, aunque no por ello es menos cierto o palpable. Se trata de la cara opuesta de lo que hemos tratado hasta el momento: los celos "falsos", es decir, cuando una persona finge ser muy celosa para encubrir que en realidad persigue un interés que no tiene que ver con el cariño o con lo amoroso. Los fines pueden ser materiales, de venganza, de conveniencia, etc. donde la persona demuestra ser posesiva cuando en realidad no lo es y le importa muy poco lo que haga el otro (si uno presta atención a los vaivenes sentimentales de los famosos pueden encontrar un ejemplo de esto). Aquí se yergue entonces una "trampa" de los celos, pues se los utiliza como forma de encubrir una segunda intención o como una forma de disimular una propia falta. Con respecto a esto último, un ejemplo muy conocido es aquel que describe a un marido en falta que para disimular su proceder inventa celos de su mujer para que ésta no sospeche nada. Un ejemplo más sórdido sería el de aquel que finge celos por alguien con el único objetivo de verse retribuido materialmente de alguna forma. Pero estos casos exceden el marco de esta nota, pues tienen más que ver con la estafa moral, la ambición, etc. Así, volviendo a los celos "auténticos", el Licenciado Polverino remarca que "los celos son una exagerada creencia de que poseemos a la otra persona, lo cual es falso", porque en definitiva uno sólo se tiene a sí mismo.
Una de las consecuencias es que la persona celosa todo el tiempo cree que la quieren engañar y por lo tanto lleva a cabo acciones que "confirmen" su sospecha, como revolver bolsillos, seguir a la persona celada y hace "un mundo" de pequeños incidentes. Esto llega a transformarse en una obsesión que lleva a quien la padece a caer en actitudes que invaden otros aspectos de su vida cotidiana, como el tabajo o la atención de los hijos, si los hubiere. Cuando en una pareja uno de los dos es muy celoso, suele suceder que el otro, aun siendo "inocente", miente un poco con tal de no despertar celos y tener problemas. Sin embargo, según Polverino, esto no es recomendable: "Nunca se debe mentir o engañar para evitar los celos de la otra persona, porque finalmente estos celos se refuerzan, porque el celoso es obsesivo y termina encontrando el engaño y todo se empeora". Pero atención: la problematica de los celos, por arraigados que estén, tiene solución: en la actualidad hay distintas terapias de corto plazo (individual y en pareja) que apuntan a solucionar el problema de los celos, pero para dar ese paso, es fundamental, primero, que la persona celosa reconozca que lo es y que se le está yendo de las manos. "Los celos excesivos resultan sofocantes y se van agravando con el tiempo si no se tratan", concluye Polverino. Es que los celos tienen que ver con considerar al otro como si fuera parte de uno y con querer delimitar cuánto tenemos de esa persona para nosotros y cuánto para los demás. Esto, en realidad es una ilusión, porque es imposible obligar a alguien a que nos dé un determinado porcentaje de tiempo o cariño. Ese porcentaje o cantidad sólo puede decidirlo la misma persona y distribuirlo como mejor le plazca. Ganarnos ese cariño y tiempo, eso sí depende de nosotros. Pero los celos no tienen nada que ver con esto.
     
  Estrategias anti-celos (propios y ajenos)

• Recordar que a pesar de estar en pareja uno sigue siendo un ser separado del otro y por lo tanto tiene derecho a estar con otras personas
• Reconocer que se tiene celos y desmenuzar el "por qué"
• Diferenciar qué nivel de celos se tiene: mucho, poco o muy poco
• Analizar fríamente los motivos
• No descuidar las propias actividades por estar pendientes de cada movimiento que hace el otro
• No permitir que la pareja invada o determine cada uno de nuestros actos
• No mentir para evitar posibles escenas de celos cuando uno no ha hecho nada reprochable
• No sufrir con elucubraciones que sólo conducen al desgaste de la relación
• Disfrutar de una cuota de celos que alimenta la autoestima pero que no pase de ahí
• No caer en la trampa de creer que celo es sinónimo de amor. •
  Celos enfermizos

Estos son algunos síntomas de que las cosas marchan mal. Su pareja:
• Le prohíbe utilizar ciertas prendas o arreglarse demasiado porque lo considera una seducción hacia otras personas
• Prefiere que en las reuniones usted se quede callado/a y no entable relaciones con desconocidos
• No quiere que usted se reúna con amistades del sexo opuesto a solas (por ejemplo a tomar un café)
• Hace una escena si llega tarde
• Lo/la llama mil veces al celular para ver qué está haciendo
• Se obsesiona con los celos y toda charla termina en una disputa.
• Le ha hecho perder oportunidades laborales o profesionales porque supone que todos tienen la misma intención con usted: seducirlo/a.