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Fuente de
escenas apasionadas y hasta salvajes, los celos han sido desde
siempre (y lo son todavía) protagonistas de gran parte del cine
y de la literatura porque, al existir en todas las personas,
resulta fácil que el público se identifique con lo que hacen,
dicen o sufren los personajes de un radioteatro, novela o
película. La sospecha, la duda, la desconfianza, el desencanto,
la aventura, la pasión, etc. terminan de componer este marco
escenográfico donde hay un celoso/a que sufre, un otro que
traiciona o un tercero injustamente acusado.
El breve diálogo que encabeza la nota describe algunas de las
imágenes más estereotipadas con respecto a los celos: una mujer
que revuelve los papeles y bolsillos de su marido; un hombre que
no quiere que su pareja use la pollera tan corta o que sea "tan
simpática" con los otros hombres; una chica que se irrita porque
a su novio se le escapa la vista hacia una pechugona que camina
por el mundo como si nada, o un novio que siente herida su
masculinidad cuando su noviecita mira con "rayos x" al musculoso
de la bicicleta. En fin, las situaciones son muchas y todas
perfectamente reconocibles porque quien más, quien menos, todos
las hemos vivido. Es que en este campo de lo sexual, los celos
se reconocen enseguida y por lo tanto (aunque esto puede ser
discutible) es más fácil neutralizarlos o por lo menos
sobrellevarlos. Mejor dicho: se los acepta más porque todo el
mundo da por sentado que existen... pero no por ello son más
"digeribles", entonces, ¿qué hacemos con ellos una vez que los
aceptamos?
Nadie está libre
"Toda persona ´normal´ siente celos, pues los celos tienen que
ver con poseer al otro de algún modo y sin duda el amor implica
posesión", explica el Licenciado Juan Diego Polverino, psicólogo
y director del sitio www.psico-online.com. "Sería un llamado de
alerta una persona que nunca sienta celos, pues se podría pensar
que vive en una indiferencia extrema o, lo que también es usual,
que sea una persona muy celosa pero que lo esconde".
Esta cuestión de los celos versus la indiferencia es crucial en
las relaciones, pues alarma más la ausencia de celos que el
exceso, lo cual tiene que ver con la cultura en la que vivimos y
con los valores que uno aprende desde la niñez. En el caso de la
mujer, esta valoración muchas veces le juega en contra (al menos
históricamente ha sido así), dado que al alentar o recibir con
orgullo los celos de su pareja como signo de que la quiere, en
el mejor de los casos pierde libertad (con la consiguiente
frustración que ello apareja con los años) y en el peor, tolera
situaciones de violencia que nada tienen que ver con el cariño.
Ahora bien, ¿qué es lo que produce los celos? En palabras del
Licenciado Polverino, "se pueden pensar los celos como una
enfermedad, pero también como un síntoma, por ejemplo cuando una
persona tiene otros problemas relacionados con una baja
autoestima, una personalidad depresiva, miedosa o insegura y los
celos son una consecuencia de estas características".
En este sentido, la inseguridad juega un rol decisivo en el
celoso o la celosa, dado que constantemente existe el miedo de
que la pareja se sienta atraída por otro que pueda ser mejor que
uno. Evidentemente esto es una falacia, una fantasía tortuosa,
porque basta detenerse a pensar fríamente dos segundos para
darse cuenta de que en materia de sentimientos nada es
totalmente seguro ni hay contratos inquebrantables, porque con
el correr de la vida y de los acontecimientos, el individuo
cambia, su forma de ver el mundo muta y puede que dentro de
estos cambios también esté envuelto el amor o, por lo menos la
forma de querer. Esto no significa que toda relación esté
destinada a fracasar cuando pasan los años, sino que en última
instancia (si así tiene que ser) no es posible evitar que
nuestro ser querido "encuentre a otra persona". ¿Por qué? Porque
más que de nosotros, esta decisión depende exclusivamente del
otro, que es alguien que tenemos a nuestro lado pero que no nos
pertenece (cosa que suele pensarse).
De acuerdos y excesos
Va quedando claro que convertirnos en un detective de nuestra
pareja sólo puede aparejar enojo, agotamiento y que descuidemos
nuestra propia vida. Además, si bien lo primero que se piensa es
en los celos de índole sexual, hay personas que poseen una
valoración un poco distinta de la "tradicional". Por ejemplo, en
los pactos que realiza cada pareja puede estar establecido
tácita o explícitamente que una infidelidad sexual es menos
grave que una relación sentimental con un tercero (puede ser una
amistad muy profunda), donde entran a jugar sentimientos y no
sólo una noche de sexo fugaz y olvidable. Pero quizás estas
situaciones sean más la excepción que la regla y en algún lugar
primitivo y elemental, virgen de tendencias sociales, a todas
las personas occidentales nos molesta pensar a nuestro
compañero/a en brazos de otro, aunque sea por un rato. Y aquí es
innegable la cuestión de lo cultural que determina nuestras
conductas y que nos puede acercar una respuesta a estas
preguntas: ¿hasta dónde es "normal" tener celos? ¿la persona
celosa se da cuenta de que lo es? Según Polverino, "en algunos
casos el machismo está socialmente avalado en sus conductas,
como cuando un hombre no deja que su mujer use minifaldas y su
actitud está reforzada desde lo cultural". La diferencia entre
las manifestaciones de celos masculinas y femeninas radica en
que mientras que lo que dice el hombre es "lógico" que se cumpla
(como la imposición de no usar ropa llamativa) e inclusive
muchas mujeres consideran que la prohibición está bien, las
actitudes femeninas de celos están subestimadas y consideradas
como reclamos con menos importancia. Pero, ¿cuál es el límite
para los celos? O bien en términos más "psi", ¿cuándo se
transforman en una patología? "Cuando los celos llegan a
destruir el objeto sobre el cual se cela o el vínculo entre dos
personas y desencadenan en violencia", responde el Licenciado
Polverino. Así, una contestación rayana en el insulto, gritos,
prohibiciones cotidianas, escenas repetitivas y malos tratos son
los claros síntomas in crescendo de que se ha cruzado la barrera
de los celos comunes hacia los otros que empiezan a ser una
enfermedad.
No sólo de amor se trata
Los celos están en muchas cosas y lo laboral no escapa a esto.
Para ser más elocuentes podríamos decir que cuando existe una
hiperposesión sobre algo, hay celos. En el caso del trabajo, hay
personas que esconden y celan lo que hacen. Es el típico ejemplo
del empleado/a que oculta información por miedo a que los demás
le saquen responsabilidades o le "roben" su trabajo. Esta
actitud, como puede constatar todo aquel que trabaje en relación
de dependencia (y también en otros ámbitos), es muy común y se
exacerba especialmente cuando hay un recién llegado a quien hay
que enseñarle las tareas a desarrollar, pues es entonces cuando
se ve quiénes son los más celosos y quiénes no. Lo bueno es que,
salvo cuando se trata de algo desmedido, son situaciones que se
manejan con facilidad una vez que uno conoce el código del
lugar. Por el contrario, lo que usualmente se llama "celos
profesionales en la pareja", tiene una raigambre más profunda.
"En este caso, más que de celos se trata de envidia", aclara el
Licenciado Polverino, "porque uno envidia lo que tiene el otro,
mientras que en los celos de los que hablábamos anteriormente
tiene que intervenir un tercero para que se despierte el
reclamo". Lejos de ser tranquilizadora, la cuestión de la
envidia en la pareja es un tema profundo porque ésta se asocia
con sentimientos de mezquindad que poco tienen o tendrían que
ver con el amor. Sobre todo si se entiende que el amor implica
querer lo mejor para quien tenemos al lado, aun en desmedro de
nuestro propio beneficio.
Los rostros del engaño
Pero hay otra faceta de este fenómeno que estamos analizando que
parece más perteneciente a un argumento de guión que a la
realidad, aunque no por ello es menos cierto o palpable. Se
trata de la cara opuesta de lo que hemos tratado hasta el
momento: los celos "falsos", es decir, cuando una persona finge
ser muy celosa para encubrir que en realidad persigue un interés
que no tiene que ver con el cariño o con lo amoroso. Los fines
pueden ser materiales, de venganza, de conveniencia, etc. donde
la persona demuestra ser posesiva cuando en realidad no lo es y
le importa muy poco lo que haga el otro (si uno presta atención
a los vaivenes sentimentales de los famosos pueden encontrar un
ejemplo de esto). Aquí se yergue entonces una "trampa" de los
celos, pues se los utiliza como forma de encubrir una segunda
intención o como una forma de disimular una propia falta. Con
respecto a esto último, un ejemplo muy conocido es aquel que
describe a un marido en falta que para disimular su proceder
inventa celos de su mujer para que ésta no sospeche nada. Un
ejemplo más sórdido sería el de aquel que finge celos por
alguien con el único objetivo de verse retribuido materialmente
de alguna forma. Pero estos casos exceden el marco de esta nota,
pues tienen más que ver con la estafa moral, la ambición, etc.
Así, volviendo a los celos "auténticos", el Licenciado Polverino
remarca que "los celos son una exagerada creencia de que
poseemos a la otra persona, lo cual es falso", porque en
definitiva uno sólo se tiene a sí mismo.
Una de las consecuencias es que la persona celosa todo el tiempo
cree que la quieren engañar y por lo tanto lleva a cabo acciones
que "confirmen" su sospecha, como revolver bolsillos, seguir a
la persona celada y hace "un mundo" de pequeños incidentes. Esto
llega a transformarse en una obsesión que lleva a quien la
padece a caer en actitudes que invaden otros aspectos de su vida
cotidiana, como el tabajo o la atención de los hijos, si los
hubiere. Cuando en una pareja uno de los dos es muy celoso,
suele suceder que el otro, aun siendo "inocente", miente un poco
con tal de no despertar celos y tener problemas. Sin embargo,
según Polverino, esto no es recomendable: "Nunca se debe mentir
o engañar para evitar los celos de la otra persona, porque
finalmente estos celos se refuerzan, porque el celoso es
obsesivo y termina encontrando el engaño y todo se empeora".
Pero atención: la problematica de los celos, por arraigados que
estén, tiene solución: en la actualidad hay distintas terapias
de corto plazo (individual y en pareja) que apuntan a solucionar
el problema de los celos, pero para dar ese paso, es
fundamental, primero, que la persona celosa reconozca que lo es
y que se le está yendo de las manos. "Los celos excesivos
resultan sofocantes y se van agravando con el tiempo si no se
tratan", concluye Polverino. Es que los celos tienen que ver con
considerar al otro como si fuera parte de uno y con querer
delimitar cuánto tenemos de esa persona para nosotros y cuánto
para los demás. Esto, en realidad es una ilusión, porque es
imposible obligar a alguien a que nos dé un determinado
porcentaje de tiempo o cariño. Ese porcentaje o cantidad sólo
puede decidirlo la misma persona y distribuirlo como mejor le
plazca. Ganarnos ese cariño y tiempo, eso sí depende de
nosotros. Pero los celos no tienen nada que ver con esto.
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Estrategias
anti-celos (propios y ajenos)
• Recordar que a pesar de estar en pareja uno sigue
siendo un ser separado del otro y por lo tanto tiene
derecho a estar con otras personas
• Reconocer que se tiene celos y desmenuzar el "por
qué"
• Diferenciar qué nivel de celos se tiene: mucho,
poco o muy poco
• Analizar fríamente los motivos
• No descuidar las propias actividades por estar
pendientes de cada movimiento que hace el otro
• No permitir que la pareja invada o determine cada
uno de nuestros actos
• No mentir para evitar posibles escenas de celos
cuando uno no ha hecho nada reprochable
• No sufrir con elucubraciones que sólo conducen al
desgaste de la relación
• Disfrutar de una cuota de celos que alimenta la
autoestima pero que no pase de ahí
• No caer en la trampa de creer que celo es sinónimo
de amor. • |
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